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¿Deberían los países ricos -o inversionistas que operan ahí- comprar tierras de cultivo en países en desarrollo? 

Esa pregunta es objeto de estudio en el informe ‘Operaciones transnacionales de compra de tierras de cultivo en los países en desarrollo’, que publicó el año pasado el consorcio de institutos de investigación europeos y organizaciones no gubernamentales Land Matrix Partnership.

En el informe se muestra que desde el año 2000, inversionistas u organismos del Estado de países ricos o emergentes han comprado más de83 millones de hectáreas (más de 200 millones de acres) de tierras de cultivo en los países en desarrollo más pobres. Esto representa el 1,7 por ciento de las tierras de cultivo mundiales.

Gran parte de estas compras se han hecho en África, entre las cuales dos tercios se han realizado en países donde el hambre es generalizada y las instituciones para formalizar la propiedad de la tierra a menudo son deficientes. Tan solo las adquisiciones en África representan un área de tierras de cultivo del tamaño de Kenia.

Se ha alegado que los inversionistas extranjeros están comprando tierras ociosas; por lo que al ponerlas a producir, las compras aumentan la disponibilidad de alimentos en general. Sin embargo, el informe del Land Matrix Partnership determinó que esto no es así: aproximadamente el 45 por ciento de las adquisiciones de tierras de cultivo existentes y casi una tercera parte de las tierras adquiridas se deforestaron, lo que indica que su desarrollo puede plantear riesgos para la biodiversidad.

Las inversiones son privadas y públicas (por ejemplo, por entidades propiedad del Estado) y proceden de tres grupos distintos de países: economías emergentes como China, India, Brasil, Sudáfrica, Malasia y Corea del Sur; los Estados del golfo ricos en petróleo; y economías desarrolladas ricas, como los Estados Unidos y varios países europeos. 

En promedio, el ingreso per cápita en los países que son fuente de estas inversiones es cuatro veces superior al de los países a los que se destinan.

La mayoría de las inversiones se destinan a la producción de alimentos u otras cosechas para exportación desde los países en los que se compra la tierra, por la razón obvia de que los países más ricos pueden pagar más por la producción. 

Más del 40 por ciento de esos proyectos tienen como objetivo la exportación de alimentos a los países fuente, lo que sugiere que la seguridad alimentaria es una de las principales razones para comprar tierras.

Oxfam International se refiere a estas operaciones como “despojo de tierras”. Su propio informe, ‘Our Land, Our Lives’ (Nuestra tierra, nuestras vidas), indica que desde 2008 las comunidades afectadas por proyectos del Banco Mundial han presentado 21 quejas formales por violación de sus derechos de propiedad de la tierra. 

Oxfam ha señalado adquisiciones de tierra a gran escala en los que ha habido violaciones directas de los derechos para pedir al Banco que congele las inversiones en adquisición de tierras hasta que pueda establecer normas para garantizar que se informe de antemano a las comunidades locales y se les dé la opción de rechazarlas. 

Oxfam también desea que el Banco asegure que estas operaciones no socaven la seguridad alimentaria local o nacional. En respuesta, el Banco Mundial estuvo de acuerdo en que hay casos de abuso en la adquisición de tierras, sobre todo en países en desarrollo donde la gobernanza es débil y expresó su apoyo a una participación más transparente. 

Al mismo tiempo, el Banco señaló la necesidad de aumentar la producción para alimentar a la población adicional de 2.000 millones de personas que se prevé para 2050, y sugirió que es necesario incrementar la inversión en agricultura en los países en desarrollo para mejorar la productividad. El Banco rechazó la idea de una moratoria sobre su propio trabajo con los inversionistas en el sector de la agricultura, con el argumento de que eso perjudicaría precisamente a quienes con seguridad harían las cosas correctamente.

Cabría preguntarse si la transparencia y el requisito de que los propietarios de tierras locales aprueben una venta es suficiente para proteger a las personas que viven en la pobreza. Los partidarios del mercado libre dirían que es decisión de los propietarios locales vender sus tierras. Pero, dadas las presiones de la pobreza y la atracción que genera el dinero en efectivo, ¿qué se necesita para que las personas puedan tomar una decisión verdaderamente libre e informada sobre la venta de algo tan importante como el derecho a la tierra? Después de todo, no permitimos que las personas pobres vendan sus riñones al mejor postor.

Por supuesto, los partidarios más firmes del libre mercado dirían que deberíamos permitirlo. Sin embargo, como mínimo, es necesario explicar por qué se debe prohibir que la gente venda sus riñones pero no la tierra en la que produce sus alimentos. La mayoría de las personas pueden vivir con un riñón pero nadie puede vivir sin alimentos.

¿Por qué la compra de órganos es objeto de condena internacional y la de tierras agrícolas no lo es, aun cuando supone la expulsión de los terratenientes locales y la producción de alimentos para exportación a países ricos y no para el consumo local?

Es probable que, en efecto, al Banco Mundial le preocupen más los derechos de los terratenientes locales que a otros inversionistas extranjeros. De ser así, puede ser que las 21 quejas presentadas sean la punta visible de un enorme iceberg de violaciones de los derechos a la tierra cometidos por inversionistas extranjeros en proyectos agrícolas de los países en desarrollo, mientras que los demás siguen siendo invisibles porque las víctimas no tienen acceso a ningún procedimiento de queja.

El Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se enteró tarde de uno de esos casos. En noviembre el Comité concluyó que Alemania no había vigilado al Neumann Kaffee Gruppe en relación con su complicidad en la expulsión de los habitantes de varios pueblos de Uganda para crear una gran plantación de café.

No obstante, las expulsiones se llevaron a cabo en 2001, y los habitantes siguen viviendo en pobreza extrema. No se encontraron soluciones ni en Uganda ni en Alemania para la violación de los derechos. ¿Debemos creer que a los terratenientes les va mejor con inversionistas chinos o sauditas?

Sobre el autor

Peter Singer es profesor de Bioética de la Universidad de Princeton y profesor galardonado de la U. de Melbourne. Ha escrito ‘Ética práctica’ y ‘Un solo mundo’, entre otros.

PETER SINGER
PROJECT SYNDICATE

Por: Felipe Morales Mogollón 

Política |12 Nov 2012 – 9:51 pm

Según la FAO, los gobiernos deben asegurar que los procesos de concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la producción y el empleo agrícola.

El jueves pasado, en la cena que el presidente Juan Manuel Santos tuvo con algunos congresistas del Partido de la U en la casa del senador Roy Barreras, el primer mandatario les pidió no apoyar las tres iniciativas que cursan en el Congreso de la República y que pretenden regular la extranjerización de la tierra en Colombia. Para el Gobierno —y así lo ha expresado el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo— dichas iniciativas son un “pésimo mensaje a la inversión extranjera sana y verificada”.

Llama la atención que dos de esos proyectos de reforma constitucional son de autoría de la misma U y del Partido Conservador, miembros de la Unidad Nacional, mientras que el otro es impulsado por el Polo Democrático. Lo cierto es que para estas tres colectividades, el meollo del asunto tiene que ver con la seguridad alimentaria de las futuras generaciones, en un escenario en el que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en América Latina y el Caribe se vienen dando intensos procesos de acaparamiento, concentración y extranjerización de tierras destinadas a la producción de alimentos.

Para Fernando Soto-Baquero, oficial de políticas de la FAO, “los gobiernos deben encontrar formas de asegurar que los procesos de concentración y extranjerización de tierras no tengan efectos negativos sobre la seguridad alimentaria, el empleo agrícola y el desarrollo de la agricultura familiar”. En la actualidad, Colombia es autosostenible y es considerado uno de los 10 países en el mundo con mayor posibilidad de aumentar su capacidad productora.

Por este motivo se ha venido convirtiendo en un atractivo punto de inversión para transnacionales que buscan desarrollar proyectos agropecuarios de gran escala. Un hecho que tiene diferentes puntos de vista y que ha prendido las alarmas en algunos sectores que creen que está en juego la capacidad del país de producir su propio alimento. El temor —y es algo que ya se está dando en otros lugares del mundo— es que las tierras fértiles sean empleadas para la producción de biocombustibles o que simplemente la comida sea cultivada, extraída y luego enviada a otras naciones.

El debate está planteado, más aún cuando en el naciente proceso de paz entre el gobierno del presidente Santos y las Farc —que arranca en firme este jueves en La Habana (Cuba)— el tema de la tierra es el primer punto de la agenda a abordar. Por ejemplo, para la exministra y exprecandidata presidencial Marta Lucía Ramírez, quien ayudó a diseñar el proyecto de los conservadores, la inversión extranjera es importante, pero no a cualquier costo: “El Gobierno no puede sacar pecho diciendo que la inversión extranjera continúa creciendo cuando se está poniendo en riesgo al país”, dijo.

Ramírez cree que debe regularse la adjudicación masiva de tierras, que ya se está presentando en Colombia ante la ausencia de una normatividad clara. Postura que el ministro de Agricultura, Juan Camilo Restrepo, considera exagerada, lo que lo ha llevado a chocar duramente con el Congreso. Hace dos semanas, en la Comisión Primera del Senado, acusó a los legisladores que promueven tales iniciativas de manejar un discurso similar al del vocero de las Farc, alias Iván Márquez, en la instalación de los diálogos de paz en Oslo (Noruega).

Sus palabras provocaron reacciones airadas, como la del senador Armando Benedetti, de la U, quien le dijo que lo que estaba haciendo era algo “más doloroso y más fascista” que lo que hizo Andrés Felipe Arias: “Es irresponsable pretender vender las tierras para hacer grandes empresas y pensar que el campesino entorpece el desarrollo y la inversión extrajera. El modelo Carimagua es un enanito al lado de lo que quiere este ministro”.

El senador Hernán Andrade, ponente del proyecto conservador, también le salió al paso: “El ministro sabe que en el mundo se está dando un proceso de acumulación de tierras y no podemos permitir que vengan a comprarnos la Orinoquia porque sí, o el Macizo Colombiano porque sí. No pretendemos desestimular la inversión extranjera, que ha sido buena, pero también ha sido desastrosa en algunos lugares en materia ambiental. Hay regiones desoladas y arruinadas por no imponer los límites adecuados a esta inversión”.

El ministro Restrepo, por su parte, dice que se está dando una especie de “xenofobia” en el Congreso, la cual tiene paralizados más de US$800 millones en inversión. En su concepto, los proyectos que están en trámite le cierran la puerta en las narices a la inversión extranjera, descartando que se esté presentando un fenómeno masivo de acumulación de tierras: “El año pasado llegaron al país US$13.200 millones de inversión extranjera directa, de la cual sólo fueron registrados US$154 millones enfocados para el agro. Eso implica que sólo el 1,5% de la plata que se invierte está dirigida a este renglón”, afirmó.

Para el Gobierno, en el Congreso se están presentando cifras distorsionadas. Pero pese a este argumento, Wilson Arias, representante a la Cámara por el Polo Democrático y autor de otra de las iniciativas que apuntan a la de reglamentación de la extranjerización de la tierra, advierte que en Colombia ya se está presentando este fenómeno y denuncia con nombre propio millonarias inversiones. Se refiere, por ejemplo, el caso de la multinacional brasileña Mónica Semillas, que creó siete filiales en el país y ya ha comprado cerca de 13.000 hectáreas, y a la multinacional Cargill, que pretende cultivar 55.000 hectáreas de soya.

Ahora, independientemente de la visión de las partes, es un hecho que en el mundo se ha venido dando un fenómeno de acaparamiento de tierras y el principal ejemplo de ellos es África. En países como Etiopía, Mozambique, Zambia, Liberia y Madagascar, literalmente se han vendido o arrendado sus territorios, acabando con su capacidad productiva alimentaria. Coincidencialmente los compradores son los mismos: China, India y Arabia Saudí.

En África se han vendido, arrendado o negociado desde 2001 más de 227 millones de hectáreas y, según el Banco Mundial, más del 70% de estos contratos se hizo a partir de 2008, cuando se presentó un incremento sustancial en los precios de la comida en la región Subsahariana. Los países de esta región, a pesar de tener una clara vocación agrícola, tienen los más altos índices de hambruna, según señala la FAO.

Aunque la inversión extranjera en el sector agrícola es contemplada como el camino hacia la modernización tecnológica de los campos y la creación de empleo en las áreas rurales, en África no ha sido así. Las multinacionales han acaparado la tierra y, contrario a generar mano de obra, han ocasionado el desplazamiento del campesinado, de acuerdo con un reciente informe de Oxfam. Este fenómeno ha empezado a darse en América Latina y obligado a países como Uruguay, Paraguay, Brasil y Argentina a adoptar una estricta reglamentación.

En Colombia, el Gobierno mantiene su decisión de proteger y estimular la inversión extranjera y ya anunció la presentación de un proyecto de ley para reglamentar el tema agrario, que le haría contrapeso a los tres que hacen curso en el Congreso impulsados por los partidos de la U, Conservador y Polo Democrático. Con el tema agrario como parte de los diálogos con la guerrilla en La Habana se espera un fuerte pulso político y al Ejecutivo le tocará jugársela a fondo para hacerle entender al país que no se está feriando la tierra, como se cree, y que la seguridad alimentaria de las próximas generaciones está garantizada.

Un Conpes para garantizar la alimentación de todos

Pese a que Colombia es considerado un país autosuficiente en su producción alimentaria, también es cierto que en los últimos 20 años no ha podido superar una superficie agrícola de cuatro millones de hectáreas y en la actualidad importa más de ocho millones de toneladas anuales de alimentos. En marzo de 2008, el gobierno del entonces presidente Álvaro Uribe emitió el documento Conpes 113, que contiene la política nacional de seguridad alimentaria y nutricional con el propósito de “garantizar que toda la población colombiana disponga, acceda y consuma alimentos de manera permanente y oportuna, en suficiente cantidad, variedad, calidad e inocuidad”. Y el Decreto 2055 de 2009, del entonces Ministerio de la Protección Social, creó la Comisión Intersectorial de Seguridad Alimentaria y Nutricional (Cisán). Por su parte, la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC) ha planteado varios puntos a tener en cuenta para garantizar la seguridad alimentaria en el país: reconocer el aporte de la población campesina, desconcentrar la tierra y sembrarla de comestibles, conectar la oferta y la demanda y generar desarrollo tecnológico y seguridad.

5-11-2012, Portafolio

Mientras la semana pasada se realizó otro debate a lo que se ha llamado proceso de ‘extranjerización de la tierra’, en el Congreso hacen curso tres proyectos de Ley acerca de este tema.

El primero, presentado por el Polo Democrático Alternativo; el segundo, por el Partido Conservador, y el tercero, por el senador Juan Lozano, del Partido de la U. Este último está siendo tramitado en la Comisión Quinta del Senado.

El senador Jorge Robledo, autor de una de las iniciativas, manifestó su preocupación porque muchas empresas e inversionistas extranjeros estén comprando tierras en varios países tropicales, entre estos Colombia.

Por lo anterior, la iniciativa busca regular la propiedad y explotación de las tierras agrícolas por parte de inversionistas extranjeros.

Destacó también que países como Argentina, Brasil y Estados Unidos han sancionado normas que restringen a los extranjeros el acceso a la propiedad.

Vale la pena aclarar que solo 40.000 hectáreas del país, dedicadas a la producción agraria, están en manos de inversionista extranjeros, mientras que varios grupos económicos, como Grupo Maggi (Brasil), Los Grobo y El Tejar (Argentina) han abandonado sus propósitos de invertir en el país.

Esta decisión la tomaron esos empresarios porque consideran que no hay claridad frente a la Unidad Agrícola Familiar (UAF).

Además, sigue comentándose el fallido intento de inversionistas indios y chinos por comprar medio millón de hectáreas, proceso que se calificó como ‘cuento chino’.

     

Source: Portafolio
http://farmlandgrab.org/post/view/21263

Foro Modelo de Desarrollo en Colombia: Acaparamiento y Luchas Territoriales.

 

Los  días 6 y 7 de septiembre se dio lugar en la ciudad  de Bogotá al Foro Modelo de desarrollo: Acaparamiento y luchas territoriales, convocado por;  la Coalición Nacional en Contra Del Acaparamiento de Tierras, Territorios y Recursos Naturales, Grupo Semillas, Censat: Agua Viva, Campaña Por La Dignidad Campesina, Asociación de Trabajo Interdisciplinario ATI,   apoyado por Um verteilen, Solidaridad Socialista y HEKS Colombia.

 

Durante el Foro participaron delegaciones de organizaciones procedentes de diversas regiones del país, quienes se dieron a la tarea de discutir acerca del modelo de desarrollo rural que se vienen imponiendo desde la propuesta gubernamental en consonancia con empresas transnacionales y con el cual la pequeña economía campesina se encuentra en riesgo. De igual manera se discutió a cerca de cómo el fenómeno de Acaparamiento de tierras, territorios y recursos en Colombia que se concreta a través de los proyectos de minería, petróleo, Agro combustibles, Represas e hidroeléctricas, forestales y agro negocios de alimentos.

 

Las organizaciones allí reunidas denunciaron, desde sus experiencias,  que  Colombia  se encuentra   ante un inminente proceso de contra reforma agraria, de agudización de la concentración de la tierra y de zaqueo de la riqueza del país, y con un futuro incierto de cara a nuestra Soberanía y Autonomía Alimentaria. De igual manera, se propuso desarrollar y fortalecer procesos para la defensa y apropiación del territorio, los cuales incluyen una propuesta pedagógica de construcción de territorio, potenciar las herramientas comunicativas con las que cuentan las organizaciones, formular alertas tempranas frente a la desterritorialización y despojo del que son víctimas los campesinos y campesinas, y hacer alianzas con organizaciones internacionales que vienen denunciando el fenómeno de Acaparamiento de Tierras para visibilizar el caso colombiano, entre otras.

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La Honorable Corte Constitucional avaló los argumentos sustentados por el
Senador Jorge E. Robledo, el Representante a la Cámara Wilson Arias
Castillo y las coadyuvancias de organizaciones campesinas y sociales,
ONG’s nacionales e internacionales y de algunos ciudadanos, en la demanda
por inconstitucionalidad de los artículos 60, 61 y 62 de la Ley 1450 de
2011 (Plan Nacional de Desarollo 2010-2014).

“Esta decisión manda al traste las pretensiones del gobierno de Santos y
sus representados como el sector financiero nacional y extranjero, las
multinacionales agropecuarias e incluso su familia como pachito Santos,
por hacerse de las tierras baldías de la nación” afirmó Arias Castillo.

Y es que no es para menos tales afirmaciones. Tal y como se sustentó en la
demanda y como se ha expuesto ante la opinión pública, esta reforma a la
Ley 160 de 1994 reformaba el régimen de la UAF (Unidad Agrícola Familiar),
permitiendo que grandes empresarios se quedarán con esta tierras y
acumularan baldíos sin un límite preciso.

“Esta intención que por un lado pretendía suprimir del lenguaje jurídico,
económico, social y político el concepto democrático de Reforma Agraria, y
por otro lado legitimaba la concentración de la tierra, era a todas luces
una medida en exceso regresiva contra los derechos e intereses de los
campesinos y proletarios agrarios de acceso a la propiedad, y en tal
sentido celebramos el actuar coherente de la Corte Constitucional.”

Esta reforma que no pudo llevar a cabo Uribe, pero que Santos logró sacar
adelante con la aplanadora de la Unidad Nacional, se sustentó con el
pretexto de la generación de desarrollo y despegue de la locomotora
agropecuaria a gran escala, visión de desarollo en la cual el campesino y
pequeño productor se categoriza como “socio” obligado con el gran
inversionista, peón o vendedor de tierra.

“Con esta decisión de la Corte Constitucional se defienden principios
democráticos e ideales de la economía campesina, y no se entrega a dedo la
tierra al sector financiero, representado por ejemplo en Luis Carlos
Sarmiento Angulo, el grupo Valorem, Mnuelita, Germán Efromovich; o a
multinacionales como la brasilera Mónica Semillas, Poligrow, Cargill y
otras que estaban ya haciendo fila para quedarse con los baldíos que le
pertenencen a la nación colombiana, y en especial de los campesinos y
trabajadores sin tierra”, concluyó Arias.

Foro Nacional Modelo de Desarrollo en Colombia: Acaparamiento y Luchas Territoriales

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